12.01.2005

El canto de la corneta amarilla

Pequeñas reflexiones en tiempos de crisis, para aquellos inconformistas y detractores de cornetas amarillas, de algarabía bullanguera y camisas rayadas.

Sepan los agoreros de la inconformidad y el pesimismo rutinario, que ponerle el pecho para hacer sentir bien a la gente y en especial a la hinchada de alguno que otro encuentro de titanes en los match futbolísticos del Cispren, no es tarea improvisada y casual.

Hay que estar en estado, de buen ánimo y pulmones para hacer sonar por horas una corneta amarilla. Símbolo del encuentro y la algarabía, que por más nefastos resultados entre oponentes, promuebe la exhaltación de corazones y pasiones. Tanto como lo que se pergueña, entre pases y pases, entre arco y arco, en la polvorienta canchita de Fútbol 5.

Sí señores, para aquellos nefastos incoformitas que te critican por que no le hacés la hinchada, y cuando vás con toda la batería de pasiones, sudando la camiseta y perdiendo los pulmones en cada canto de corneta amarilla, también se quejan por que es demasiada la sonoridad para tanta sensibilidad auditiva que cargan estos mosos señores. Pero la verdad, y aunque lejos estén de reconocerlo (como lejos están de ser señores de honra y respeto), la sensibilidad que cargan es la propia frustración de ver como sus pases y ataques se pierden en infructuosas estrategias, cargadas de nerviosismo y tensión.

Claro, creen que jugar al fútbol es ir y darle de puntapiés a la esférica. Sin tener en cuenta una pequeña preparación a priori, de cuerpo y espíritu. Entrenamiento, que le dicen...!

Preparación y entrenamiento que el singular señor de la corneta amarilla viene dándole; mucho antes del encuentro anunciado. Con paciencia y perseverancia. Practicando por aquí y por allá. Como por ejemplo, esperando la llegada de algún incauto gatuno (que quiere tener algún encuentro con las gatas del señor de la corneta amarilla) y esperando que esté a tiro y...: ¡Trácate!... un cornetazo de aquellos que adbierte al misho que las nueve vidas se le fueron para nunca más volver. (Flor de julepe... juá!).

Mucho más se podría decir de la preparación y estado que hay que tener para enarbolar el canto de la corneta amarilla. Como por ejemplo, practicar la misión de tener "buena actitud para irradiar las ondas positrónicas". No es sencillo amigos míos..., no es sencillo, en estos tiempos que corren.

El público en general (hasta la hinchada del oponente) se siente cautivado (enajenado, tal vez?) con el canto de la corneta amarilla !

Es el canto de la victoria, por sobre cualquier resultado !
Es el canto de la esperanza, por sobre cualquier resultado !
Es el canto del espíritu, por sobre cualquier resultado !

Es el canto para que nuestros mozos señores... cambien el resultado y sigan llenándose de gloria y eternidad !

Shalú !!!

LiProRCA
(Liga de Protección y Revalorización de la Corneta Amarilla)

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