2.27.2006

Oscuro soneto de un hombre de bien

Dicen que allá las minas no se afeitan los sobacos -disparó OBoby, como intentando introducir una discusión en la tertulia nocturna-. Según la mina -se apuró a responder, haciendo gala de su conocimiento empírico, el Ibérico Peláez-. Pero la conversación tomó profunda seriedad cuando el de la sunga amarilla argumentó el porqué de la irresistible seducción femenina de una axila peluda, y lo hizo en verso:

Yo no hablo de sobacos sino que hablo de razón
Helena pensaba en Troya, Menelao en inventar la depilación.
Marco Polo se fue a China, por el Caribe anduvo Colón,
las parisinas son peludas, dijo el general Perón.

Bilardo visitó Italia, con el Cani y el Cabezón
llegó a la final de fútbol, se las vio peluda el Narigón.
Napoleón le tenía ganas a Rusia, Kennedy a la Monroe,
yo le tiré a una brasilera, pero la sunga me perjudicó.

Viva la axila peluda, gritaba la Francia de Rosseau,
Castro dormía desnudo, en el sobaco la revolución.
Gandhi ganaba la India, de túnica blanca y a corazón,
los Rolling ganaban River, y como siempre Talleres perdió.

Yo no hablo de sobacos sino que hablo de razón,
ahora me saco barba, Cafrune ya murió
viva la axila peluda, vivan los chanchos y el hurón,
me acaba de dejar mi novia, sobaco prolijo, era un primor.