5.03.2006

ALCOHONAFTA

Caminaba hacia la parada, acelerando el pucho y consumiendo los pasos, llegué y busqué mi lugar de siempre: apoyado contra el poste. Pero para mi sorpresa, ese santuario había sido ultrajado, violado por un tipo que me espiaba con los ojos desorbitados.
Sin poder disimular mi calentura, traté de tomar distancia, miré hacia el horizonte esperando que aparecira el bondi; muy hondo en mi conciencia lo esperaba, sabía que en cualquier momento el tipo alguna pelotudez iba a preguntar. Como si se tratara de Horangel, adiviné. Antes de la primera palabra llegó un aliento a vino que casi me emborracha y acto seguido escuché: "¿loco no tené un cohjpel?". Lo miré para responderle, el tipo estaba hecho mierda, casi no se distinguía donde terminaba la barba y empezaba la mugre, y mucho menos la cara. Me quedé sin palabras, a lo que el respondió con una sonrisa de dientes escasos pero de profundo amarillo colgate.
Me hubiese resultado simpático si no se hubiese estado rascando (para no decir excavando) la oreja con la llave de "un auto", porque este tipo no podía tener auto.
Contesté con un parco "No maestro".
El tiempo parecía una eternidad y cada vez que miraba con el rabillo del ojo lo veía ahí, intentando mantenerse parado y hurgándose la oreja con la llave. Este hecho se repitió incontables veces, y la llave estaba cada vez más adentro. Ya no lo miré más, pensaba en cualquier cosa para olvidarme de eso.
Al parecere resultó, me encontré abstraído, hasta que en cierto momento sentí un motor, cada vez más cerca, más cerca, hasta sentí un olor como a nafta. Pensé "este culiao me va llevar pueso", cuando me di vuelta, el borracho pasó a toda velocidad, mordió banquina y se perdío a contramano por la avenida. Si, arrancó.

"La", femenino singular

La vi caer. Se tiró, momentos antes estaba sentada al borde. Llegó un policía, me miró buscando una respuesta. Yo sólo le dije: "la", femenino singular. El creyó entender todo, incluso me agradeció por la información brindada. Al rato escuché al uniformado relatar lo sucedido a su superior: La persona es de sexo femenino, estaba sola, pensando, luego se tiró y murió. Un testigo, flaco, fuma, usa bufanda a tres colores, por cierto un tanto llamativos, lleva el cabello medio largo, castaño, ondulado, nariz prominente en donde asienta sus anteojos. Creo que es el amante de la mujer, su impavidez lo delata. El es quien vio todo, me lo dijo detalladamente casi llorando. Sospecho que la obligó a tirarse; deberíamos demorarlo.
"La", femenino singular, fue lo único que declaré unos meses más tarde ante un tribunal. La Justicia me absolvió y mi abogado defensor me confió que nunca entendió nada. Yo tampoco, le dije, y seguí pensando en ese título sugerido por un amigo para escribir un relato.