4.05.2007

CRISTOGEDIA: TERCERA ENTREGA



Caía una tarde más en el reino de Cristogedia y Cristóbulis, luego de atravesar en canoa el profundo Lago de los 40, se encontraba ya en el salón principal del Oráculo de Aime, salón pequeño pero acogedor, por cierto.
- He venido por noticias, Don Aime. Mi presencia aquí espera no interrumpir por mucho tiempo el incansable apareamiento que usted tiene ya casi como vicio con sus ardientes amantes y que desde luego...
- Por favor, Cristóbulis, -interrumpió secamente el Oráculo- evite sus acostumbrados prólogos, respete mi intimidad y exponga de una vez lo que desea saber.
- Temo la venganza de los Belverius por el cautiverio a que he sometido a Birrabob. Si bien se encuentra aún con vida, no creo que sobreviva mucho más en la Trampa de Eustaquio. Su muerte es mi deseo por haberme arrebatado el amor de Catalina Rivarola, pero sospecho que eso podría significar el fin de mi grandeza.
- Los dioses no entienden razones del corazón de los hombres, Cristóbulis. El amor no es para quien no sabe olvidar, y ustedes los hombres no cuentan con el alivio del olvido. Apenas si tienen valor para el combate y esa condición debe aprovecharse. La guerra es bella y entretiene a los amos de la creación. En tu alma no hay paz ni en la de tus enemigos. Aún los dioses no han decidido a quiénes favorecer en el conflicto que se avecina. Nada más puedo decir.
- Para los de mi reino, respetado Oráculo, la guerra es sólo una manera de tratar a una mujer. Por otro lado hay algo de cierto en que no poseemos la virtud del olvido, pero algunos conocemos el color de la amnesia y si no fuese por ella en mi caso hubiese ya perdido el sano juicio. En cuanto a lo que se avecina, la primera cobardía es la primer arruga de un pueblo. Prepararé entonces a mis servidores más audaces para defender el reino, pero también necesitaré de la gracia del Trío Paciencia que si bien estamos enfrentados por algunas cuestiones, ellos a veces suelen ser sensatos.
- Escucha Cristóbulis –dijo con voz tierna el Oráculo- No olvides que El Trío Paciencia siempre se adelanta a los hechos (entre ellos a eso le llaman primicia) y hoy sólo está abocado a una sola cuestión: la organización de un gran encuentro de fútbol donde el ganador del sublime cotejo elegirá al rey de ambos imperios y a partir de allí usarán todos el mismo color de camiseta, una que es muy parecida a la de Banfield.
- No entiendo. ¿Qué camiseta? ¿Qué es el fútbol? ¿Qué es Banfield? –preguntó frunciendo el ceño Cristóbulis.
- ¿Nunca escuchaste, rey de Cristogedia, hablar de Talleres?
- No, aunque me parece que en París alguien alguna vez lo nombró, y si no recuerdo mal lo hizo entre risas.
- Olvídalo. Te lo explicaré escuetamente. El fútbol, gran rey ignorante, es un juego misterioso, un fenómeno que no entiende razones pero despierta en los hombres instintos primitivos de amor de odio. Es una actividad casi sagrada que requiere destreza, imaginación, poesía, valentía. Son once soldados que luchan por batir a otros once. Los ganadores son más que héroes; los vencidos sólo conocen de miserias. Tu futuro y el de tu gente, tu gloria o tu triste fracaso dependerá próximamente de los caprichos de una pelota de cuero.
Aquí Cristóbulis pareció derrumbarse espiritualmente. Caminó desconcertado unos pasos y cayó de rodillas sobre el círculo turquesa de La Alfombra Dolida, lugar que en el Oráculo de Aime sólo está destinado a prácticas sadomasoquistas.
Fue rápido el giro que Don Aime improvisó observando con ojos profundos a la posible víctima de espaldas y a punto de recostarse; pero aún más veloz fue el instinto de castidad del rey de Cristogedia quien, seducido o no, nunca lo sabremos, brincó como una gomita tapando con ambas manos el centro de sus asentaderas e hizo un gesto de desaprobación al señor del Oráculo.
- No, no se confunda. Tampoco sabía de su bisexualidad...
- Hay más de dos sexos – lo interceptó Don Aime aún no vencido en su juego de seducción.
- El sexo es trivialidad, desorden; y no es a hablar de esto que he venido, gran Oráculo. Volvamos al punto que sigo sin comprender. No sé que es una pelota. Mi desesperación se acrecienta; comienza mi vista a nublarse y se hace difuso el porvenir. Desesperado estoy. ¿A quién recurro? Necesito una guía, por pequeña que sea.
- Puedes acudir al capitán del equipo de fútbol de Belverius, tu cautivo en la Trampa de Eustaquio, Birrabob, también conocido como El Tercer Adelantado. El puede colaborar si a cambio le ofreces algo –dijo mientras se reacomodaba sus pantalones bahianos Don Aime-.
Cristóbulis abordó de regreso su canoa meditabundo. De repente no entendía nada. Ignoraba las fuerzas de cambio que arrastraba ese juego e ignoraba también el juego en sí mismo.
Ya en su palacio y rodeado de sus tres gatas, el rey cristogedio aprovechó las últimas horas de luz para relajar sus pensamientos mientras bebía unas copas de coñac y se deleitaba con el Concierto Nº 19, en C mayor, de Wolfgang Amadeus Mozart.
CONTINUARA

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