PARTE SEGUNDA: CRISTOGEDIA (una tragedia chaqueña)
El mundo no ha nacido a la luz luego de tanta sombra de espera sólo para que en él rieguen sus presumidos jardines los mortales. No ha decidido ser mundo este mundo para observar día a día cómo ancianos y niños lloran unos por conocer tanto del dolor y otros por no entenderlo. Tampoco estalló a la vida por un gesto de amor universal ni por casualidad, sino que el mundo ha sido parido desde la Nada y queriendo ser pudo ser para que generaciones tras generaciones hombres borrachos y mujeres atrevidas busquen y encuentren en él, el misterio que los depositó aquí. Desplegarán así a diestra y siniestra sus más audaces y también viles estrategias en procura de satisfacer sus absurdas existencias. En consecuencia se mezclarán unos con otros para amar y dañarse, quitar la vida y perdonarse, olvidar y nuevamente amar, hasta en un momento terminar de perder o ganar lo que nunca con certeza se tuvo, aniquilando en forma definitiva la sensación de una sostenida espera. Es ésta, entonces, una historia de búsqueda; un camino de mil huellas que quizá baje su velo para dejar descubrirse un poco antes del final de los días, nuestros días.
Algunos de nuestros personajes, sobre todo aquellos que no conocen el reino de Belverius o lo que es lo mismo, ignoran la existencia de Dany Show y con ello la posibilidad de más vida después de la muerte, no tendrán la ventaja en esta saga de equivocarse en el camino.
Y si esa búsqueda de un motivo que nos responda al menos una de tantas preguntas parece dirigirse hacia el interior de uno mismo, ¿para qué caminar tanto camino poniendo el cuerpo y la sangre a disposición de la Duda que se empecina en esperarnos en todas partes? Porque sabemos que el alma apenas guarda algunas pistas de quiénes somos, porque el valioso mundo interior no se halla dentro de nosotros, sino puede que esté escondido tras las paredes de alguna muralla, debajo de una piedra, en el centro de una flor, en el ángulo del córner de una cancha de fútbol, en el depósito de una fábrica de tutucas, en la cama de una mujer gorda y peluda (un amigo estuvo ahí y dijo que no encontró nada), entrelíneas de un comentario Racing-Independiente Rivadavia realizado por Potenza, en la música del celular de Ciani, detrás del escenario en la fiesta del trigo de Leones, dentro de una caja navideña, en la cabina del prehistórico jeep de Santacroce, en fin, puede estar enfrente de nosotros.
En todo esto andan perdidos nuestros personajes de papel y en ese desvarío nos acercan la presente historia, increíble y particular historia ya que en ella no encontraremos héroes que se destaquen por su valentía; por el contrario, cada uno a su manera ha tomado una simpática cobardía como filosofía que lo guíe y mediante ella buscan el lugar en este mundo que los ligue, los hermane con la vida, gesto extraño del universo.
La tardanza del regreso de Birrabob al reino ha puesto impaciente a los altos mandos de Belverius. Han pasado ya siete años y la prudente, prudentísima espera del Ibérico Pelaius ha llegado a su fin. A decir verdad fue Hernán el Grande, accionista mayoritario de Gloria Perdida, un club donde se practica algo parecido al fútbol pero que no es fútbol, decíamos que fue precisamente él quien tras una rueda de cervezas en Dany Show recordó los inolvidables pasos de baile que Birrabob desplegaba graciosamente al escuchar la canción “Si te agarro con otro te mato”. Rápidamente, de madrugada, se preparó una expedición al reino de Cristogedia para saber de la suerte del Tercer Adelantado.
Belverius siempre fue un reino poderoso, pero pequeño, y también salpicado de vicios. ¿Muchos habitantes? Qué sé yo; no más de veinte, veinticinco. El Sir Croche ofreció su jeep para el viaje, vehículo pertinente ya que Cristogedia se encuentra como a tres horas de camino de tierra. Otros apostaron al viaje en bondi, pero sabían que generalmente eso implicaba un viaje de ida y que una asamblea en punta de línea acabaría por arruinarlos. Finalmente se decidió en Consejo viajar a dedo, aún corriendo el riesgo de ser interceptados por un gracioso malviviente desertor de ambos reinos: Samudius. La comitiva partió pasadas las once, después de mucho comer y beber anticipándose a la falta de manjares que tan épica empresa demandaría. Parados a la entrada del reino dejamos a los de Belverius, bajo un cartel que reza:
Ahora nos asomamos al reino de Cristogedia para ver qué acontecía dentro de sus dominios.
Continuará
Algunos de nuestros personajes, sobre todo aquellos que no conocen el reino de Belverius o lo que es lo mismo, ignoran la existencia de Dany Show y con ello la posibilidad de más vida después de la muerte, no tendrán la ventaja en esta saga de equivocarse en el camino.
Y si esa búsqueda de un motivo que nos responda al menos una de tantas preguntas parece dirigirse hacia el interior de uno mismo, ¿para qué caminar tanto camino poniendo el cuerpo y la sangre a disposición de la Duda que se empecina en esperarnos en todas partes? Porque sabemos que el alma apenas guarda algunas pistas de quiénes somos, porque el valioso mundo interior no se halla dentro de nosotros, sino puede que esté escondido tras las paredes de alguna muralla, debajo de una piedra, en el centro de una flor, en el ángulo del córner de una cancha de fútbol, en el depósito de una fábrica de tutucas, en la cama de una mujer gorda y peluda (un amigo estuvo ahí y dijo que no encontró nada), entrelíneas de un comentario Racing-Independiente Rivadavia realizado por Potenza, en la música del celular de Ciani, detrás del escenario en la fiesta del trigo de Leones, dentro de una caja navideña, en la cabina del prehistórico jeep de Santacroce, en fin, puede estar enfrente de nosotros.
En todo esto andan perdidos nuestros personajes de papel y en ese desvarío nos acercan la presente historia, increíble y particular historia ya que en ella no encontraremos héroes que se destaquen por su valentía; por el contrario, cada uno a su manera ha tomado una simpática cobardía como filosofía que lo guíe y mediante ella buscan el lugar en este mundo que los ligue, los hermane con la vida, gesto extraño del universo.
La tardanza del regreso de Birrabob al reino ha puesto impaciente a los altos mandos de Belverius. Han pasado ya siete años y la prudente, prudentísima espera del Ibérico Pelaius ha llegado a su fin. A decir verdad fue Hernán el Grande, accionista mayoritario de Gloria Perdida, un club donde se practica algo parecido al fútbol pero que no es fútbol, decíamos que fue precisamente él quien tras una rueda de cervezas en Dany Show recordó los inolvidables pasos de baile que Birrabob desplegaba graciosamente al escuchar la canción “Si te agarro con otro te mato”. Rápidamente, de madrugada, se preparó una expedición al reino de Cristogedia para saber de la suerte del Tercer Adelantado.
Belverius siempre fue un reino poderoso, pero pequeño, y también salpicado de vicios. ¿Muchos habitantes? Qué sé yo; no más de veinte, veinticinco. El Sir Croche ofreció su jeep para el viaje, vehículo pertinente ya que Cristogedia se encuentra como a tres horas de camino de tierra. Otros apostaron al viaje en bondi, pero sabían que generalmente eso implicaba un viaje de ida y que una asamblea en punta de línea acabaría por arruinarlos. Finalmente se decidió en Consejo viajar a dedo, aún corriendo el riesgo de ser interceptados por un gracioso malviviente desertor de ambos reinos: Samudius. La comitiva partió pasadas las once, después de mucho comer y beber anticipándose a la falta de manjares que tan épica empresa demandaría. Parados a la entrada del reino dejamos a los de Belverius, bajo un cartel que reza:
BIENVENIDO A LA TIERRA DONDE LA VIDA ES MAS FUERTE QUE LA MUERTE
Ahora nos asomamos al reino de Cristogedia para ver qué acontecía dentro de sus dominios.
Continuará
