Disgustipático
Ya era de día cuando despertaste en tu zanja. Miraste al cielo, hizo que el azul fuera tu color. Tenías tu cuchillo a mano, al pararte sentiste la mugre en tus ropas, tus manos pegajosas las limpiaste sobre el pasto, entonces tu color era el verde.-“Oh Dios ¿Por qué todo tiene que cambiar asi?”
De nuevo estabas nervioso, la cabeza te dolía y sentiste que sonaba al levantarte, pero estaba casi vacía. Siempre dolió cuando despertabas así.
Arrastrándote saliste de la zanja, llegaste al el sendero y comenzaste a caminar, esperando que el resto de tu mente te acompañara. Ahora ves el auto a lo lejos, caminaste hacia él.
- “Si Dos es nuestro Padre”, pensaste. “Entonces Satanás debe ser nuestro primo ¿Cómo es que nadie más entiende estas cosas tan importantes?”
Al llegar al auto intentaste con todas las puertas, todas cerradas. Era un auto rojo y nuevo. Sobre el asiento yacía un costoso estuche de cuero.
A lo lejos se veían dos pequeñas personas, viniendo hacia ti, caminaste hacia ellos. Ahora tu color era el rojo y, por supuesto, esas personitas eran tuyas también.

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