1.14.2008

Levitación

El ángel del Señor vino a mi, rescatándome de mi sopor. Me elevó lejos, hasta cruzar los espacios más allá del aire en sí.
Lleganmos a nuestras vastas tierras de cultivo, y a medida que descendemos, gritos de la fatalidad inminente se levantan del suelo. Mil, más, un millón de voces llenas de miedo. Entonces el terror se apoderó de mi.

Le rogué: “¿Angel de Dios, qué son estos gritos de tortura?”

Entoces resondió: "Estos son los gritos de las zanahorias, ¡los gritos de las zanahorias! Verá, Reverendo, mañana es día de cosecha, para ellas, el Holocausto".

Y me libró de ese sueño, empapado en sudor, como lágrimas de un millón de hermanos aterrorizados.Y solté un potente rugido:

"¡Escúchame Señor, he visto la luz!
¡Ellas tienen conciencia, tienen vida, tienen un alma!
¡Diablos! ¡Deja que los conejos usen anteojos!
¡Salva a nuestros hermanos! "

¡Denme un amén¡ ¡Denme un aleluya!

Gracias Jesús.

Disgustipático

Ya era de día cuando despertaste en tu zanja. Miraste al cielo, hizo que el azul fuera tu color. Tenías tu cuchillo a mano, al pararte sentiste la mugre en tus ropas, tus manos pegajosas las limpiaste sobre el pasto, entonces tu color era el verde.

-“Oh Dios ¿Por qué todo tiene que cambiar asi?”

De nuevo estabas nervioso, la cabeza te dolía y sentiste que sonaba al levantarte, pero estaba casi vacía. Siempre dolió cuando despertabas así.

Arrastrándote saliste de la zanja, llegaste al el sendero y comenzaste a caminar, esperando que el resto de tu mente te acompañara. Ahora ves el auto a lo lejos, caminaste hacia él.

- “Si Dos es nuestro Padre”, pensaste. “Entonces Satanás debe ser nuestro primo ¿Cómo es que nadie más entiende estas cosas tan importantes?”

Al llegar al auto intentaste con todas las puertas, todas cerradas. Era un auto rojo y nuevo. Sobre el asiento yacía un costoso estuche de cuero.
A lo lejos se veían dos pequeñas personas, viniendo hacia ti, caminaste hacia ellos. Ahora tu color era el rojo y, por supuesto, esas personitas eran tuyas también.